A principios de noviembre asistí a una función IMAX para ver Predator: Badlands , con la expectativa clara de encontrar acción, violencia y monstruos comportándose como lo que son: depredadores guiados por el instinto, crueles, ajenos a la moral humana. Eso es, al menos para mí, la esencia del yautja. Nada de eso ocurrió. En lugar de un cazador extraterrestre, la película presentó depredadores humanizados, emocionalizados, casi domesticados. Criaturas pensadas para infundir m