Los Susurros del Comisario Mattheus
- debranarratrice
- 27 nov 2023
- 2 Min. de lectura
Este es un extracto de mi última novela, que estoy escribiendo actualmente. Me centro en la juventud de Asthor.
Cerca de la estación principal de ferrocarril se erguía una modesta comisaría de dos plantas. En el exterior, un comisario de cincuenta y tantos años, cuya cara mostraba las líneas del tiempo, sus dientes amarillentos ligeramente torcidos y unos ojos profundos con unas pequeñas carnosidades que le conferían un aire reptiliano a su mirada. Masticaba tabaco con parsimonia, observando las chimeneas de las casas vecinas, soltando humo mientras los ecos distantes de la liturgia llegaban a sus oídos. Con un gesto rutinario, escupió el tabaco en el mismo rincón de siempre, entre los arbustos frente a la comisaría. —Estoy harto de este maldito lugar. —Escupió las palabras al aire cargadas de cansancio y desprecio. Sus ojos reflejaban el cansancio acumulado durante años de monótona rutina en aquel rincón olvidado. Sus palabras se desvanecieron en el aire, envueltas por la atmósfera apagada de la ciudad, donde cada callejón parecía albergar resignación y cada sombra susurraba miedo. Al entrar en la comisaría, el ambiente era un caos. El escritorio de hierro estaba abarrotado de documentos desordenados y hasta el borde. La máquina de escribir, con la cinta hecha jirones, tenía unas cuantas hojas de papel encima. En el extremó derecho del escritorio había un teléfono negro de disco. Con una tos sonora que retumbó en la habitación, el policía carraspeó y gesticuló oscamente mientras escupía una gárgara de tonos café y verde en una servilleta que extrajo apresuradamente del bolsillo de su uniforme. Con pasos apresurados, se dirigió a la cafetera porque necesitaba urgentemente una dosis de cafeína para sobrellevar la sombría mañana. Cuando alcanzó la cafetera y empezó a llenar una taza, el teléfono sonó con una estridente cacofonía. —Mierda —dijo entre dientes apretados, dejando la taza de mala gana sobre la vieja mesa de madera y precipitándose hacia el teléfono con una mezcla de urgencia y pereza. —Comisario Mattheus.—Su voz resonó con autoridad El hombre escuchó atentamente lo que sus superiores le decían al otro lado de la línea. —Un novato —hizo una pausa—, el mejor de su clase. Bueno, le esperaré aquí. Con un gesto rápido, pero torpe, Mattheus colgó el auricular sobre el gancho del teléfono, produciendo un «clack» metálico y resonante. El hombre miró la máquina de escribir y los pendientes que había que mecanografiar. —Hoy el recién llegado se ocupará de esta tontería.—Murmuró con un tono de desdén.






Va a set muy interesante conocer el pasado y la historia de Asthor, buena forma de contar la historia :)